¿Por qué creemos? No por tradición ciega ni por costumbre familiar. Creemos porque la Palabra de Dios fue atestiguada, transmitida fielmente y continúa siendo verdad. San Lucas lo dice desde el principio: se informó cuidadosamente de todo desde los orígenes para que conozcamos la verdad (Lc 1:1-4). Eso es lo que haremos aquí.
La Palabra fue atestiguada
Lucas 1:1-4 y Juan 11:25-27
Lucas nos dice que muchos trataron de relatar ordenadamente los acontecimientos cumplidos entre nosotros, «tal como nos fueron transmitidos por aquellos que han sido desde el comienzo testigos oculares y servidores de la Palabra» (Lc 1:2). No son leyendas: son testimonios. Lo que Jesús dijo, vivió y enseñó fue visto y transmitido por testigos reales.
Marta, ante la tumba de su hermano, lo reconoce sin dudarlo: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo» (Jn 11:27). La fe no es irracional: es la respuesta a una revelación verificada por quienes la vivieron.
«a fin de que conozcas bien la solidez de las enseñanzas que has recibido.»
El enemigo pelea contra su lectura
Lucas 8:5-8, 8:11-12 y Salmo 119
La parábola del sembrador lo deja claro: «La semilla es la Palabra de Dios» (Lc 8:11). El demonio sabe que la Palabra de Dios hace brotar la salvación, y por eso «arrebata la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven» (Lc 8:12). No es casualidad que el enemigo luche contra su lectura.
El Salmo 119:72 afirma que la ley de los labios de Dios vale más que todo el oro y la plata. Y si alguien pregunta qué gana leyendo la Biblia, San Pablo responde: «desde la niñez conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación, mediante la fe en Cristo Jesús» (2 Tim 3:15).
El Salmo 119:103-105 da la imagen más hermosa: «¡Qué dulce es tu palabra para mi boca, es más dulce que la miel!... Tu palabra es una lámpara para mis pasos, y una luz en mi camino.» Quien no lee la Palabra de Dios camina en la oscuridad.
«Tu palabra es una lámpara para mis pasos, y una luz en mi camino.»
La Palabra es de Dios
2 Pedro 1:19 y Juan 17:17
Esto no es opinión humana. San Pedro llama a la palabra de los profetas «una lámpara que brilla en un lugar oscuro», y manda prestarle atención (2 Pe 1:19). Y el mismo Jesús, en su oración al Padre, lo confirma: «tu palabra es verdad» (Jn 17:17). Y Jesús mismo lo dijo: «Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican» (Lc 11:28). No dijo los que la conocen ni los que la citan; dijo los que la practican.
La fe es hacer lo que Él dice
Lucas 5:5 y Juan 2:5
Pedro había pescado toda la noche y no había sacado nada. Por su experiencia humana, echar las redes de día no tenía ningún sentido. Pero dijo algo que resume toda la fe: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes» (Lc 5:5). Y por eso, precisamente, Jesús lo hizo pescador de hombres, a él y no a los demás (Lc 5:10).
En Caná, la Virgen María da la instrucción definitiva a los sirvientes: «Hagan todo lo que él les diga» (Jn 2:5). Las tinajas se llenaron de agua, y el agua se convirtió en vino cuando los sirvientes cumplieron sus órdenes hasta el final: «Así lo hicieron» (Jn 2:8). La fe no es solo creer: es cumplir. El desarrollo de esto está en los temas de La Eucaristía y de Transubstanciación.
«Simón le respondió: Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes.»
¿De dónde viene tu Biblia?
El sola scriptura y sus problemas
Protestantes en general —evangélicos, bautistas, pentecostales—, y a su manera también Testigos de Jehová y adventistas, sostienen lo mismo: «Solo la Biblia es la regla de fe. La Biblia es suficiente.» Bien. Vamos a la Biblia.
«Toda la Escritura está inspirada por Dios, y es útil para enseñar y para argüir, para corregir y para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para hacer siempre el bien.»
La palabra que usa Pablo es «útil» —en griego ὠφέλιμος— no «exclusiva» ni «única regla de fe». El versículo nunca dice que la Escritura sola es suficiente para todo. Y hay algo más importante: si el único criterio de verdad fuera «lo que dice la Biblia», entonces el sola scriptura tendría que estar en la Biblia para ser válido. Y no está. El argumento se destruye a sí mismo con su propio criterio.
¿Quién fijó el canon?
El problema que el sola scriptura no puede responder
El Nuevo Testamento no llegó con un índice. Durante los primeros siglos, distintas comunidades usaban distintos textos. ¿Cómo se decidió qué es Palabra de Dios y qué no lo es? La Iglesia Católica, en los concilios de Hipona (393 d.C.) y Cartago (397 d.C.), determinó el canon bíblico que el mundo cristiano usa hasta hoy. El que rechaza la autoridad de la Iglesia Católica para enseñar doctrina está confiando en esa misma Iglesia para saber qué libros leer. No es posible tener coherencia de otra manera.
La Tradición oral es bíblica
2 Tesalonicenses 2:15 y 2 Timoteo 2:2
Pablo no enseñó solo por carta. Ordenó guardar también la tradición oral:
«Por lo tanto, hermanos, manténganse firmes y conserven fielmente las tradiciones que aprendieron de nosotros, sea oralmente o por carta.»
Y encargó que esa tradición se transmitiera de generación en generación:
«Lo que oíste de mí y está corroborado por numerosos testigos, confíalo a hombres responsables que sean capaces de enseñar a otros.»
Cuatro generaciones de transmisión en un solo versículo: Pablo → Timoteo → hombres responsables → otros. Y el mismo Juan lo reconoce al final de su Evangelio:
«Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relata detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían.»
Jesús mismo no escribió una sola línea. Envió apóstoles a predicar, no a escribir.
La interpretación privada está prohibida por la Biblia
2 Pedro 1:20-21
Pedro lo dice con claridad:
«Pero tengan presente, ante todo, que nadie puede interpretar por cuenta propia una profecía de la Escritura. Porque ninguna profecía ha sido anunciada por voluntad humana, sino que los hombres han hablado de parte de Dios, impulsados por el Espíritu Santo.»
Desde 1517, hay más de 45.000 denominaciones distintas que leen la misma Biblia y llegan a conclusiones opuestas sobre el bautismo, la Eucaristía, la salvación y la moral. Jesús oró por algo diferente: «Que todos sean uno» (Jn 17:21). La pregunta que se impone: ¿puede el Espíritu Santo guiar simultáneamente a todas esas posiciones contradictorias?
La Iglesia es la columna de la verdad
1 Timoteo 3:15 y Mateo 16:18
La Biblia no se llama a sí misma columna de la verdad. Llama a la Iglesia:
«La Iglesia del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad.»
Y Jesús hizo una promesa institucional sobre ella:
«Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.»
Esa promesa protege el Magisterio —la enseñanza oficial de la Iglesia— de enseñar error definitivamente. No significa que cada miembro sea impecable. Significa que la verdad que Cristo confió a su Iglesia no puede ser destruida: en el griego, las πύλαι ᾅδου, el poder de la muerte y del sepulcro, no se la llevan por delante.
Conclusión: creer y cumplir
La Palabra de los profetas es de Dios. Los apóstoles la atestiguaron. Hay que leerla toda —incluyendo lo que dice sobre la Tradición oral, sobre quién interpreta y sobre la Iglesia que Cristo fundó. Y la fe consiste en hacer lo que Dios dice. No entran en el Reino los que dicen «Señor, Señor», sino los que cumplen la voluntad del Padre (Mt 7:21). La Biblia, leída entera y con honestidad, señala hacia la misma Iglesia que Jesús fundó. Creer es confiar en Jesucristo aunque la experiencia humana diga lo contrario, como hizo Pedro en el lago. Y ese acto de confianza lo cambia todo.