La objeción contra la Trinidad que se oye dentro del mundo pentecostal no es de todos los pentecostales: las Asambleas de Dios y la mayoría de las iglesias pentecostales confiesan la Trinidad. Es la de los pentecostales unidos, los que se llaman unicitarios o de «solo Jesús»: «Dios es uno solo, no tres personas. Padre, Hijo y Espíritu Santo son títulos, maneras en que el mismo Dios se manifestó. El Padre es Jesús, y el Espíritu Santo es el Espíritu de Jesús. Por eso se bautiza solamente en el nombre de Jesús.»

La Trinidad es un misterio: un solo Dios en tres Personas. Nadie la entiende a fondo, y la Iglesia nunca pidió entenderla para creerla. Lo que pide es creerle a Dios lo que dice de sí mismo, porque creer que hay un solo Dios no alcanza. Santiago lo dice así: «¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien. Los demonios también creen, y sin embargo, tiemblan.» (Sant 2:19). Y lo que Dios dice de sí mismo está escrito con tanta insistencia que se entiende leyéndolo. Por eso este tema tiene más citas que explicaciones.

«Hagamos»: el plural del principio
Génesis 1:26

La primera señal está en la primera página de la Biblia.

✝︎ Génesis 1:26
«Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo».»

Dios habla en plural, y en la escena no hay nadie más. No son los ángeles: los ángeles no crean, y el hombre sale a imagen de Dios, no de ellos. El versículo siguiente vuelve al singular: «Y Dios creó al hombre a su imagen» (Gn 1:27). Uno solo que dice «nosotros». Este versículo, solo, no prueba la Trinidad, y la Iglesia no lo usa así. Es un anuncio que el resto de la Escritura va a aclarar.

El Primero y el Último, enviado
Isaías 48:16

En Isaías 48 habla Dios, y se presenta con un título que nadie más puede llevar: «Yo soy, yo soy el Primero y también soy el Último» (Is 48:12). Es el que fundó la tierra y desplegó los cielos. Cuatro versículos después, el que habla dice esto:

✝︎ Isaías 48:16
«¡Acérquense a mí, escuchen esto: Desde el comienzo, nunca hablé en lo secreto, desde que esto sucede, yo estoy allí! –Ahora me han enviado el Señor y su espíritu –»

El que estaba allí desde el comienzo es enviado, y lo envían el Señor y su espíritu. En un pasaje del Antiguo Testamento aparecen juntos el que envía, el enviado y el Espíritu. Siglos después, el Apocalipsis pone ese mismo título en boca de Jesús: «yo soy el Primero y el Último, el Viviente. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre» (Ap 1:17-18).

Los tres en el Jordán
Marcos 1:10-11

En el bautismo de Jesús la objeción de los títulos se queda sin lugar.

✝︎ Marcos 1:10-11
«Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una paloma; y una voz desde el cielo dijo: «Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección».»

El Hijo sale del agua, el Espíritu baja sobre él y el Padre habla desde el cielo, en el mismo momento. Si fueran tres maneras de manifestarse una sola persona, esa persona estaría a la vez en el agua, bajando sobre sí misma y hablándose desde arriba. Mateo cuenta la misma escena (Mt 3:16-17). Nadie se dice «tú» a sí mismo desde el cielo.

El Padre le habla al Hijo
Hebreos 1:5

La carta a los Hebreos vuelve sobre esa voz para mostrar que el Hijo está por encima de los ángeles.

✝︎ Hebreos 1:5
«¿Acaso dijo Dios alguna vez a un ángel: «Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy»? ¿Y de qué ángel dijo: «Yo seré un padre para él y él será para mí un hijo»?»

Uno habla y el otro es interpelado. Y tres versículos más abajo, el Padre llama Dios al Hijo: «En cambio, a su Hijo le dice: «Tu trono, Dios, permanece para siempre»» (Heb 1:8). El Hijo es Dios, y el Padre, que le habla, no es él.

Junto al Padre, antes del mundo
Juan 17:5

Para los pentecostales unidos, el Hijo empieza en Belén: «Hijo» sería el nombre de la humanidad de Jesús, y «Padre» el del Dios que habita en ella. Juan lo contesta en su primera carta.

✝︎ 1 Juan 1:2-3
«Porque la Vida se hizo visible, y nosotros la vimos y somos testigos, y les anunciamos la Vida eterna, que existía junto al Padre y que se nos ha manifestado. Lo que hemos visto y oído, se lo anunciamos también a ustedes, para que vivan en comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.»

Lo que los apóstoles vieron y tocaron existía junto al Padre antes de manifestarse. Nadie está junto a sí mismo. Es lo que Juan había escrito al abrir su Evangelio: «la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios» (Jn 1:1). Y Jesús lo dice con sus propias palabras la noche antes de morir:

✝︎ Juan 17:5
«Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera.»

Jesús le pide al Padre la gloria que tenía con él antes de la creación. Si el Hijo hubiera empezado en Belén, no tendría una gloria anterior que reclamar ni alguien con quien la hubiera tenido. En la misma oración insiste: «ya me amabas antes de la creación del mundo» (Jn 17:24). Antes del mundo había uno que amaba y otro que era amado.

Dos testigos
Juan 8:16-18

Discutiendo con los fariseos, Jesús invoca la Ley de Moisés, que no aceptaba un solo testigo (Dt 19:15).

✝︎ Juan 8:16-18
«y si lo hago, mi juicio vale porque no soy yo solo el que juzga, sino yo y el Padre que me envió. En la Ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos personas es válido. Yo doy testimonio de mí mismo, y también el Padre que me envió da testimonio de mí».»

Jesús presenta dos testigos: él y el Padre. Si fueran una sola persona con dos nombres, estaría haciendo pasar un testigo por dos, y el argumento ante los fariseos sería una trampa. Jesús cuenta dos. Los pentecostales unidos cuentan uno.

Los versículos que ellos citan dicen lo mismo cuando se leen enteros. «El Padre y yo somos una sola cosa» (Jn 10:30): «somos» es plural, y lo que es uno es la cosa, no la persona. «El que me ha visto, ha visto al Padre» (Jn 14:9), y enseguida: «yo estoy en el Padre y el Padre está en mí» (Jn 14:11). Para estar uno en el otro hacen falta dos.

Otro Paráclito
Juan 14:16-17

Sobre el Espíritu Santo, la palabra decisiva la dice Jesús en la última cena.

✝︎ Juan 14:16-17
«Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes.»

El Hijo ruega, el Padre da, y lo que da es otro Paráclito. Paráclito es el que acompaña y defiende; Jesús lo había sido para sus discípulos durante tres años, y ahora anuncia a otro. Si el Espíritu Santo fuera Jesús con otro nombre, no sería otro. En los capítulos siguientes cada uno aparece con lo suyo: el Espíritu Santo es el «que el Padre enviará en mi Nombre» (Jn 14:26), y «no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído» (Jn 16:13).

✝︎ Juan 15:26
«Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí.»

En un solo versículo el Hijo envía, el Espíritu procede del Padre y el Espíritu da testimonio del Hijo. Son tres sujetos en una frase, y ninguno es un título de otro. El que oye, habla, es enviado y da testimonio no es una fuerza ni un modo. Es alguien.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo
Mateo 28:19

Queda el bautismo. Los pentecostales unidos rechazan la fórmula trinitaria y bautizan «en el nombre de Jesús», apoyados en pasajes como este:

✝︎ Hechos 19:2-5
«y les preguntó: «Cuando ustedes abrazaron la fe, ¿recibieron el Espíritu Santo?». Ellos le dijeron: «Ni siquiera hemos oído decir que hay un Espíritu Santo». «Entonces, ¿qué bautismo recibieron?», les preguntó Pablo. «El de Juan», respondieron. Pablo les dijo: «Juan bautizaba con el bautismo de penitencia, diciendo al pueblo que creyera en el que vendría después de él, es decir, en Jesús». Al oír estas palabras, ellos se hicieron bautizar en el nombre del Señor Jesús.»

El pasaje sirve para lo contrario. Lo primero que Pablo pregunta es si recibieron el Espíritu Santo. Cuando le responden que ni siquiera saben que exista, entiende que el bautismo que tienen no es el cristiano, y pregunta cuál recibieron: el de Juan. «En el nombre del Señor Jesús» es lo que separa un bautismo del otro. Lucas no está transcribiendo las palabras que se pronunciaban sobre el agua. Esas palabras las dio Jesús:

✝︎ Mateo 28:19
«Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo…»

«En el nombre», en singular, y a continuación tres. Un solo nombre, porque Dios es uno. Tres nombrados, porque son tres. Es la fórmula que la Iglesia recibió de Jesús y con la que bautiza hasta hoy.

Los tres en el saludo de los apóstoles
2 Corintios 13:13

Pablo cierra su segunda carta a los corintios con esta bendición.

✝︎ 2 Corintios 13:13
«La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo permanezcan con todos ustedes.»

Los tres, uno al lado del otro, cada uno con lo que da. No es una frase aislada. En la primera carta a los corintios, los dones proceden «del mismo Espíritu», los ministerios de «un solo Señor» y las actividades del «mismo Dios» (1 Cor 12:4-6). A los efesios les escribe: «un solo Espíritu… un solo Señor… un solo Dios y Padre de todos» (Ef 4:4-6). Y Pedro abre su primera carta del mismo modo: «según la previsión de Dios Padre, y han sido santificados por el Espíritu para obedecer a Jesucristo» (1 Pe 1:2). Los apóstoles nombraban a los tres ya en el saludo.

  • En el Jordán el Hijo, el Espíritu y el Padre aparecen a la vez, y el Padre le habla al Hijo.
  • El Hijo estaba junto al Padre y tenía gloria con él antes de que el mundo existiera.
  • Jesús presenta al Padre y a sí mismo como dos testigos.
  • El Espíritu Santo es otro Paráclito: oye, habla, es enviado y da testimonio.
  • Jesús mandó bautizar en un solo nombre, el del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Conclusión

Los pentecostales unidos tienen razón en lo que afirman: Dios es uno solo, y Jesús es Dios. Se equivocan en lo que niegan. Para sostener que Padre, Hijo y Espíritu Santo son una sola persona con tres títulos, el bautismo del Jordán tiene que leerse como una escena con un solo personaje, la oración de Juan 17 como un hombre que se habla a sí mismo y el testimonio de Juan 8 como un testigo que se cuenta dos veces. Ningún otro pasaje de la Escritura se lee así.

La Trinidad sigue siendo un misterio, y la Escritura no lo explica. Lo cuenta, desde el primer capítulo del Génesis hasta el saludo de las cartas. En el Jordán el Hijo salía del agua, el Espíritu bajaba sobre él y el Padre hablaba desde el cielo.