Varias sectas protestantes sostienen la herejía de que el purgatorio no existe, y la defienden de dos maneras. La primera la repiten casi todas: «La palabra purgatorio no está en la Biblia. Es un invento de Roma: la sangre de Cristo nos limpia de todo pecado, y el que muere va directo al cielo o al infierno.» La segunda es propia de los adventistas y los Testigos de Jehová, que niegan que el alma siga viva después de la muerte: «Los muertos no saben nada (Ecl 9:5). No hay nadie a quien purificar ni por quien rezar.»

La primera se responde en una línea. La palabra purgatorio no está en la Biblia, y tampoco está la palabra Trinidad, y la Trinidad está en cada página. Lo que importa es si la Escritura enseña que hay un lugar que no es el infierno, porque del infierno no se sale, donde se paga la deuda del pecado hasta el final y del que después se sale. Eso lo enseña, y lo enseña Cristo.

El purgatorio es obra de la misericordia. Es como pasar alcohol por una herida infectada: arde y duele, pero un padre que ama a su hijo se la limpia, porque no va a dejar que por un raspón se le gangrene el brazo. Eso hace el purgatorio: limpia lo que el pecado dejó, para que el alma pueda entrar en la presencia de Dios.

«Hasta que pagara todo lo que debía»
Mateo 18:23-35

Jesús explica el Reino de los Cielos con la parábola del servidor que no perdonó.

✝︎ Mateo 18:23-35
«Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. … E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía. Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos.»

El castigo tiene un límite: dura hasta que el servidor pague todo lo que debía. Primero paga, después sale. Del infierno no se sale, así que esa cárcel no es el infierno. Y Jesús no deja la parábola como una historia sobre un rey cualquiera: «Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes.» No es una interpretación de la Iglesia ni una suposición. Lo dijo Cristo.

La cárcel de la que se sale
Mateo 5:25-26

En el Sermón de la Montaña, Jesús usa la misma imagen.

✝︎ Mateo 5:25-26
«Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.»

El juez es Dios, el guardia son sus ángeles y la cárcel es el purgatorio. «Hasta que hayas pagado» quiere decir que hay un momento en que la deuda se termina y la puerta se abre. La cárcel no es eterna. El infierno sí lo es.

Perdón en el mundo futuro
Mateo 12:32

Hablando del pecado contra el Espíritu Santo, Jesús distingue dos tiempos.

✝︎ Mateo 12:32
«Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el futuro.»

Si ningún pecado se perdonara después de la muerte, decir que este no se perdonará «en el futuro» no tendría sentido. Jesús da por supuesto que algunos pecados se perdonan en este mundo y otros en el que viene. Este no; otros sí. En el cielo no hay nada que perdonar, y en el infierno no hay perdón. Ese perdón del mundo futuro ocurre en otro lugar.

No todo pecado lleva a la muerte
1 Juan 5:16-17

Juan distingue dos clases de pecado.

✝︎ 1 Juan 5:16-17
«El que ve a su hermano cometer un pecado que no lleva a la muerte, que ore y le dará la Vida. Me refiero a los que cometen pecados que no conducen a la muerte, porque hay un pecado que lleva a la muerte; por este no les pido que oren. Aunque toda maldad es pecado, no todo pecado lleva a la muerte.»

Hay pecados que llevan a la muerte y pecados que no. La Iglesia los llama mortales y veniales. Por el hermano que peca sin llegar a la muerte se ora, y Dios le da la Vida. El que muere con pecados que no llevan a la muerte no está condenado, pero tampoco está limpio. Entre la condena y la presencia de Dios queda justamente eso: la purificación.

Los muertos viven
Juan 11:21-27

A los adventistas y a los Testigos de Jehová les responde Jesús junto a la tumba de Lázaro.

✝︎ Juan 11:21-27
«Marta dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas». Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día». Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?». Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo».»

Marta habla de la resurrección del último día, y Jesús va más allá: el que cree en él, aunque muera, vive, y no muere jamás. La muerte del cuerpo no apaga la vida del que cree. Los muertos en Cristo no están dormidos en la nada esperando el fin del mundo. Están vivos.

El espíritu vuelve a Dios
Eclesiastés 12:7

El mismo libro del que sale la objeción dice qué pasa cuando alguien muere.

✝︎ Eclesiastés 12:7
«antes que el polvo vuelva a la tierra, como lo que es, y el aliento vuelva a Dios, porque es él quien lo dio.»

El cuerpo vuelve a la tierra y el aliento vuelve a Dios. La palabra hebrea es rúaj, la misma que se traduce por espíritu, y por eso otras versiones dicen «el espíritu vuelve a Dios». La frase de Eclesiastés 9:5 que citan los adventistas se completa en el versículo siguiente: los muertos «nunca más podrán compartir todo lo que se hace bajo el sol» (Ecl 9:6). No saben nada de lo que pasa en este mundo. Eso no dice que hayan dejado de existir.

Y al volver a Dios, el espíritu tiene que estar limpio, porque algo manchado de pecado no puede presentarse ante él. Para eso es el purgatorio.

  • Jesús habla de una deuda que se paga hasta el final y de una cárcel de la que se sale.
  • Hay pecados que se perdonan en el mundo futuro.
  • No todo pecado lleva a la muerte, y por el que peca sin llegar a la muerte se ora.
  • Los que mueren en Cristo viven, y su espíritu vuelve a Dios.

Conclusión

El purgatorio no es un invento de Roma ni una puerta trasera para evitar el infierno. Es lo que Cristo describe cuando habla de la cárcel de la que se sale después de pagar el último centavo, y de los pecados que se perdonan en el mundo futuro. La sangre de Cristo es la que limpia, también ahí: el purgatorio es la aplicación de esa sangre a quien murió en gracia pero todavía manchado.

Los adventistas y los Testigos de Jehová tienen razón en que los muertos no participan de lo que pasa bajo el sol. Se equivocan en lo que deducen. El que cree en Cristo, aunque muera, vivirá, y su espíritu vuelve a Dios, que es quien lo dio.